Hace tiempo que le había echado el ojo a la Brevet 600 organizada por el CC Chamartín, una prueba realmente dura, con más de 7000 metros acumulados en 9 puertos entre Madrid y la Sierra de la Demanda en Burgos.

Este es el videorresumen de mi Brevet 600:

No me gusta asociar el ciclismo de larga distancia, ni el ciclismo en general, a la épica. Creo que en el deporte se abusa de ella, cuando todo debería ser más natural. Hacemos deporte, nos ponemos retos, los superamos o no, lo intentamos de nuevo si tenemos motivación o los descartamos si no la tenemos. Esto me parece así de simple.

No me gustan las pruebas deportivas que hacen de la épica extrema su bandera, ni los deportistas que atraen la admiración de todos por buscar los límites de la irracionalidad, llegando a poner en riesgo sus vidas… Dicho esto, sí es verdad que admiro a muchos deportistas que triunfan en sus competiciones, o a otros que se plantean retos dificilísimos pero no son tan seguidos por las masas. No es una cuestión cuantitativa, sino cualitativa, más bien de actitud. Mi planteamiento es un poco difícil de entender, porque no está nada claro el límite entre el reto personal y la hazaña épica para la galería.

Así que mi planteamiento original no buscaba la épica. Simplemente quería superar un reto con cierta dificultad, pero sin hacer aspavientos. Como ciclista randonneur, mi único objetivo sería finalizar junto con mis compañeros dentro del horario estipulado.

Pero hay ocasiones en que uno, de repente, se ve envuelto en una aventura extrema sin posibilidad de marcha atrás. Así ocurrió el pasado sábado (y domingo) 29 de Junio, a lo largo de las 40 horas que duró la Brevet 600. A diferencia de otras brevets, en esta palpé el sufrimiento, estuve a punto de abandonar, y apenas conseguí dormir 20 minutos durante toda la ruta, tirado en un parque infantil de Lerma. Para un ciclista tan cerebral como yo, esto ha sido todo un choque. Es la primera vez que he tenido que parar a dormir en un sitio improvisado.

En la salida nos encontramos una veintena de ciclistas de diferentes perfiles, que rápidamente nos fuimos ubicando en nuestros grupos. En los primeros kilómetros conformamos una suerte de grupeta con ciclistas bastante curtidos en estas lides. Durante la noche rodamos juntos, pero al amanecer nos fuimos dispersando, sobre todo a partir del puerto de Navafría, límite de la Comunidad de Madrid y punto en el que cada uno debía poner en marcha su plan de ruta.

La prueba se desarrollaba durante el fin de semana más caluroso del año, y las consecuencias no tardaron en hacerse notar, cobrándose gran cantidad de abandonos. Pedalear a 40 grados en plena Castilla es una experiencia muy dura. No teníamos más remedio que ir parando en las fuentes de todos los pueblos, remojando el casco y empapándonos la cabeza a cada rato. Solo a partir de las 20 h se empezaba a estar bien. Hubiera sido bueno descansar de día y aprovechar el fresquito nocturno para avanzar, pero había que cumplir con los tiempos de control, y por otra parte, la diferencia de temperaturas era tan extrema que por la noche se sentía mucho frío.

Mis planes iniciales consistían en llegar con mis compañeros a Pineda de la Sierra (km 280) por la tarde, para llegar a dormir en Lerma (km 350), y salir hacia Madrid en la madrugada del domingo. Pero debido al calor, el sábado fuimos muy retrasados y perdimos muchas horas en los primeros 200 km. En el control de Peñaranda de Duero tomamos decisiones trascendentes, hubo abandonos y de repente me vi yo solo en ruta a las 18:30 h, para intentar remontar en la medida de lo posible. Al pasar por un pueblecito antes del puerto del Manquillo (hacia el km 265) me encontré con el bueno de Kike «el Indio», un ciclista de Burgos muy famoso en el mundillo. Me dio muchos ánimos y me hizo bien su compañía un rato. Simplemente había salido a dar una vuelta y acompañar a algunos randonneurs, aprovechando que vive en Salas de los Infantes, un pueblo por el que acababa de pasar.

Llegué a Pineda (km 280) a las 22:30 h. En ese punto necesitaba cenar. Volví a salir desde Pineda a las 12 de la noche, acompañado de César Hermoso, un randonneur muy resistente, que se desveló como un gran compañero para superar las peores horas de la  madrugada.

Pasamos por Lerma a las 4 h y, como se dijo antes, allí nos detuvimos a dormir no más de media hora. Al amanecer nos azotó el frío y el mal estado del asfalto en muchas carreteras de Burgos y Segovia, que multiplicaron la dureza de la prueba. Al pasar el control de Moradillo de Roa (km 420) nos enfrentamos a una de las sorpresas de esta Brevet 600, el Alto de la Serrezuela, un puerto bastante bonito, pero con pendientes demasiado duras para lo que llevábamos. Después atravesamos una infinidad de carreteras secundarias llenas de toboganes botosos, el sol arreciaba y pedaleábamos como zombies, hasta que llegamos a Arcones en algún momento del mediodía. En ese punto yo quería abandonar, pero estábamos en Segovia, al otro lado de las barreras montañosas del norte de Madrid, y no era fácil encontrar un medio de transporte hasta la capital. Estuve un buen rato en una gasolinera, cuando llegaron dos compañeros, Miguel Angel y Josué, que me animaron a seguir. A continuación había que subir el puerto de Navafría, uno de los más duros de Madrid con 1773 metros de altitud, pero el hecho de subir por una ladera protegida con muchas sombras me animó bastante. Lo superé mejor de lo esperado. Ya en la comunidad de Madrid, con ánimos renovados, volví a descansar un rato en Canencia, antes de afrontar el puerto del mismo nombre, con 1524 metros de altitud. La subida a Canencia fue tremenda. Era el noveno puerto de la ruta, llevaba demasiado cansancio y demasiado calor acumulado, pero una vez superado ya solo tenía 50 kilómetros favorables hasta Madrid. Eran las 18 h, quedaban menos de tres horas para el cierre de control. Entré en meta a las 20:39 h, con solo veinte minutos de margen.

Y así fue como, finalmente, conseguí superar la Brevet 600 en circunstancias diferentes a las habituales, cambiando los planes en marcha. Esta prueba me ha servido para entrenar la resistencia en condiciones extremas de calor, lo cual no es probable que sea útil para la París Brest París. Pero también la resistencia al sueño, algo que seguimos entrenando siempre, sin estar nunca suficientemente preparados.

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